La bola negra, deseo, represión y herencia
Algunas películas parten de una historia, otras de una ausencia. A esa segunda categoría pertenece La bola negra, segundo largometraje de Javier Calvo y Javier Ambrossi. Concretamente, nace de unas pocas páginas que Federico García Lorca dejó sin terminar y, sobre todo, de la pregunta inevitable acerca de todo aquello que pudo haber sido y no fue.
El otro elemento narrativo importante es la obra de teatro La piedra oscura de Alberto Conejero, que narra el encuentro de dos hombres en un hospital militar cerca de Santander. Dos desconocidos obligados a compartir las horas terribles de una cuenta atrás. Y a compartir un secreto, un poema, un manuscrito.
Los Javis convierten el texto fragmentario de Lorca y la obra de Conejero en una película de 155 minutos que atraviesa casi un siglo de historia española para hablar de deseo, memoria, represión y herencia.

La bola negra articula tres historias situadas en 1932, 1937 y 2017. Tres hombres, tres momentos históricos y tres formas diferentes de enfrentarse a la homosexualidad, unidos por un mismo hilo invisible: la obra inacabada de Federico García Lorca y todo aquello que representan su existencia y su muerte.
La primera historia nos lleva a 1932 y desarrolla precisamente el argumento que Lorca apenas llegó a esbozar: Carlos, un joven homosexual perteneciente a una familia acomodada, se enfrenta al rechazo social después de que se le impida acceder a una importante institución local mediante el simbólico procedimiento de la «bola negra».
La segunda historia conecta directamente con La piedra oscura y nos traslada a 1937, en plena Guerra Civil. Rafael Rodríguez Rapún, figura vinculada sentimentalmente a Lorca, aparece convertido en prisionero republicano. Sebastián, un joven soldado franquista, recibe el encargo de custodiarlo.
La tercera línea temporal, situada en 2017, nos traslada al presente. Alberto es un historiador y dramaturgo que se enfrenta al misterio de su herencia familiar.

El éxito de La bola negra no reside en adaptar literalmente a Lorca ni de hacer una adaptación de La piedra oscura, sino de utilizar ambos textos como materiales de construcción. La película se edifica sobre dos obras anteriores, completándolas para crear un universo nuevo.
A nivel de temática, la película habla de homosexualidad y represión, pero también del concepto de herencia. No solo de herencia patrimonial, sino de historias ocultas, de silencios, de vidas enteras.
La película también es un elegante ejercicio de memoria histórica y un alegato antibelicista sobre la Guerra Civil. Y por si fuese poco, a nivel visual es absolutamente fascinante. La belleza trágica de los primeros minutos de película ya apunta maneras, y a lo largo de la película encontramos varios momentos de ensoñación, música y baile que resultan cautivadores.
La banda sonora corre a cargo de Raül Refree. A destacar el tema ‘La nieve’, interpretada y coescrita por el cantautor Guitarricadelafuente, que precisamente debuta como actor en esta película, dando vida a Sebastián.
El reparto incluye sorpresas como Glenn Close, que encarna a la hispanista Isabelle Durand, y el dramaturgo y actor malagueño Alberto Cortés, que encarna magnéticamente a Federico García Lorca en una de las escenas más delicadas de la película.
En definitiva, La bola negra es una película preciosa y conmovedora hecha para que disfrutemos no solo los fans de Lorca sino cualquier ser sintiente y con corazón que alguna vez haya tenido la suerte de amar.
