Asako Yuzuki publica Colgada: “Me preocupa que la amistad femenina sea absorbida por el capitalismo y se convierta en una herramienta más”.
Asako Yuzuki (Tokio, 1981) se vio encumbrada como una de las grandes voces de su generación con el boom internacional que supuso en España su novela Mantequilla. Ahora vuelve envuelta en una gran expectación con Colgada (publicada originalmente dos años antes que Mantequilla), donde la autora vuelve a dirigir el foco hacia dos mujeres: Eriko, una mujer ambiciosa que trabaja en una gran multinacional de exportación, y Shoko, una bloguera popular de actitud anti-influencer con la que Eriko establece una fuerte conexión parasocial.
La autora nos cuenta en qué se parecen ambas novelas y por qué se ha decidido a explorar el mundo de los creadores de contenido: “En cuanto a Mantequilla, quería escribir sobre los medios de comunicación japoneses y cómo funcionan. Internet está estrechamente relacionado con eso. Por otro lado, en el caso de Colgada, quería escribir sobre cómo internet ha transformado por completo la forma en la que nos comunicamos. Internet ha desempeñado un papel muy importante en esa transformación, así que, sí, una de las cosas sobre las que yo quería escribir era internet”. Y es que, a fin de cuentas, estamos en una sociedad hiperconectada: “He leído muchas novelas de distintas épocas y creo que, en realidad, la soledad humana no ha cambiado tanto como pensamos. La soledad, como tal, sigue siendo en esencia lo mismo. Sin embargo, sí que considero que la profundidad de esa soledad es mayor que nunca precisamente porque vivimos en una sociedad hiperconectada, pero también creo que, hoy día, está mucho mejor visto socialmente el hecho de estar solo que hace unos años.” Hay un punto en que Eriko afirma que solo puede disfrutar de las cosas si logra sentirse identificada con ellas, algo paradójico en esta época de la hiperconectividad. “Sí, creo que hoy se le concede tanta importancia a la empatía que acabamos excluyendo todo aquello con lo que no nos sentimos identificados. Es parecido a lo que he mencionado antes sobre la soledad y su nueva profundidad. Hoy día estamos más conectados que nunca y hay muchas maneras diferentes de relacionarse, pero se le da muchísima importancia a la comprensión. Creo que de ahí viene la idea de que es malo no poder sentirse identificado con algo. Como escritora, pienso mucho en cómo se puede llegar a disfrutar de esta incomprensión, en cómo podemos aceptar la imposibilidad de comprendernos. Considero que es algo bastante importante y creo que hay muchas personas que están de acuerdo conmigo. No digo que la empatía y la comprensión sean algo malo, pero creo que, como personas, tenemos que aprender a enfrentarnos a situaciones en las que no nos vemos reflejados.”
En Colgada se usa la perca del Nilo, una especie invasora en Japón, como una metáfora de las relaciones humanas y la incapaz de nadie de conocer realmente a nadie: “Desconozco si en España se consume, pero en Japón, hará unos diez años, se comía perca del Nilo con muchísima frecuencia. Sin embargo, este pescado se etiquetaba como “pescado blanco” a secas, así que la mayoría de personas ni siquiera sabía que lo que estaba comiendo era, en realidad, perca del Nilo. En Japón hay ahora mismo una especie de auge de la amistad entre mujeres. Creo que es la primera vez en toda la historia de Japón que la amistad femenina recibe tanta atención. Pero hay una cosa que me produce mucho rechazo: la idea de que la solidaridad entre mujeres tiene que servir a la sociedad japonesa. Es decir, la idea de que, si las mujeres nos apoyamos entre nosotras, la sociedad va a ir mejor. Como si un país en el que los derechos de las mujeres están tan limitados bastase conque las mujeres se llevasen bien entre sí para que todo vaya bien y nadie se sienta excluido. En el fondo es una manera encubierta de exigirle a las mujeres que hagan más trabajo social gratuito. Así que, aunque me parece bueno que cada vez se hable más sobre la amistad entre mujeres, me preocupa que se esté ignorando la esencia de estas relaciones. Me preocupa que la amistad femenina sea absorbida por el capitalismo y se convierta en una herramienta más. Con la perca del Nilo quería representar esta realidad. Igual que los consumidores no prestan atención a qué pescado están comiendo, tampoco prestan atención a la destrucción que ha producido la sobreexplotación de este pescado ni el daño que ha causado al ecosistema”.
Cuando reflexiona ante la prensa sobre si hay elementos autobiográficos en el personaje de Eriko, aclara: “Bueno, yo tengo muchos amigos y, por suerte, todavía los tengo, pero es verdad que, a lo largo de los años, me he ido distanciando de varias amistades. En Japón consideramos vergonzoso que dos personas se distancien sin motivo aparente. Creo que es porque no queremos que nadie nos considere una persona que, simplemente, le cae mal a los demás. A mí siempre me ha parecido muy interesante las rupturas entre amigos, precisamente porque no son como una ruptura amorosa. He leído muchas novelas que tratan sobre amistades que acaban mal y creo que, en ocasiones, es algo mucho más doloroso que un desengaño amoroso o una ruptura de pareja. Es algo que siempre me ha fascinado. En cuanto a Eriko y Shoko, ellas son dos personas que, desde el principio, no encajan. Cuando empecé a escribir la novela quería mostrar tanto esta incompatibilidad como el fracaso de su amistad”.

A Mantequilla se la ha relacionado con el género del thriller, al que la autora sin duda ha dado una vuelta de tuerca, una sensación que también persiste con Colgada. Suzuki nos cuenta cual ha sido una de sus mayores influencias en ese sentido: “Bueno, en Japón se suele usar más el termino suspense que thriller, pero sí, me gustan mucho los thrillers. Una de las obras que más me ha influido es Rebecca, de Daphne du Maurier. En la obra, la protagonista, una institutriz, se casa con un hombre que acaba de enviudar recientemente. Aunque Rebecca, la esposa fallecida, no aparece en ningún momento, todo está marcado por su presencia: los sirvientes, el aspecto de la casa… Todos están todavía baja su influencia. Y precisamente por eso la protagonista sufre muchísimo. Recuerdo estar tensa mientras leía el libro. No sabía si Rebecca seguía viva en secreto o si quizá era un fantasma… No podía parar de pensar en todas las posibilidades. Creo que uno de los motivos por los que la novela te mantiene en tensión es porque Rebecca no llega a aparecer directamente”.
Finalmente, nos aclara cuales son algunas de sus mayores influencias: “Durante mis años universitarios leí mucho a Balzac. Una de las cosas que más me fascinan de este autor fue la crudeza con la que trata las relaciones humanas en su obra. Por ejemplo: A y B se llevan mal, pero C ha visto el lado bueno de B. En la obra de Balzac aparecen muchísimas cartas en la que los personajes expresan realmente lo que están pensando y suele ser muy diferente a lo que muestran de manera superficial. Yo leí a Balzac en el 2000, más o menos, justo cuando las redes sociales estaban empezando a hacerse un hueco en nuestro día a día. Cuando la comunicación a través de internet empezó a ganar fuerza, recuerdo pensar que tenía muchísimos paralelismos con la sociedad aristocrática francesa que describía Balzac. Me refiero a esa diferencia entre lo que uno piensa de verdad y lo que luego expresa de cara al público”.
Colgada reflexiona mucho sobre las expectativas de género en Japón, abriendo la pregunta de si en el Japón de hoy en día las mujeres japonesas se rebelan más contra los roles de género tradicionales o si continúa siendo muy arriesgado posicionarse en contra de ellos. “Bueno, en Japón… Está feo decirlo, pero como mi obra ha sido legitimizada por “los blancos”, es decir, que se ha vendido bien en Europa, han aumentado también las ventas en Japón y la opinión sobre mi obra ha cambiado completamente. Mis novelas, al ser feministas, no tienen lugar de ser en Japón. Pero ahora que son novelas feministas aceptadas por Europa, por el público occidental, la situación es completamente distinta. Ahora mis novelas tienen cierta legitimidad social en Japón. Estoy completamente segura de que, si no hubieran sido un éxito en el extranjero, no hubiera vendido nada aquí. Es verdad que, hoy día, Japón es más feminista que nunca y muchas nos resistimos contra los roles de género impuestos. Sin embargo, la realidad es que ser feminista o resistirse solo está bien visto cuando el patriarcado o, los blancos, lo aprueban. Creo que, en Japón, la influencia de la sociedad occidental tiene más fuerza que el patriarcado en muchas ocasiones. Aun así, el feminismo más radical sigue estando muy mal visto en Japón. Yo he ganado peso como feminista gracias, en parte, al reconocimiento que su sociedad me ha dado. Podría decirse que tengo su sello de aprobación y, por ello, no se me ataca de la misma manera que se atacaría a otras mujeres con las mismas posturas alzando la voz en Japón. No estoy del todo segura de si puedo considerarlo como una victoria”.
La cultura del trabajo japonesa también es otro de los ejes que atraviesa Colgada, con sus paradojas de las reformas laborales versus las horas extras invisibles que la adopción de éstas puedan generar. ¿Están las empresas japonesas condenadas a no ser capaces de tener en cuenta las necesidades de sus trabajadores? “He leído hace poco El capital de Marx y Japón es una sociedad capitalista a más no poder. Como bien señaló Marx, en Japón los trabajadores no pueden limitarse solo a trabajar. No basta con cumplir con las expectativas o hacer horas extras, los trabajadores tienen que ofrecer un valor que vaya más allá del propio trabajo para que su vida pueda tener sentido dentro de nuestra sociedad. Yo antes trabajaba en una empresa y, por ejemplo, era habitual que, en los días de descanso, mi jefe me contactara por teléfono. Sin darme cuenta, mis días libres se convirtieron también en días en los que estaba pendiente del trabajo. En cuando a las horas extras, las conozco de primera mano. Estoy familiarizada con la forma de trabajar de Eriko porque yo misma fui así durante un tiempo. Quizá ahora las cosas están cambiando un poco, pero desde que me hice freelance, me cuesta cada vez más saber dónde está la frontera entre el tiempo libre y el trabajo. Y esto me lleva a un tema algo complejo. En Japón, el movimiento feminista funciona como una especie de voluntariado. Es decir, sin el trabajo voluntario, gratuito, de muchísimas mujeres, no habría nada. Además de mi trabajo, todos los días recibo peticiones de activistas y siempre hay algo que hacer. Claro está que quiero hacer todo lo posible, pero últimamente no paro de pensar que, si seguimos así, jamás vamos a conseguir que los derechos de las mujeres de Japón dejen de depender de la buena voluntad y del trabajo no remunerado de cientos de personas”. Del mismo modo, el cuidado de las personas mayores, padres, abuelos… suele ser algo que está a cargo de las mujeres. “Además, somos una sociedad muy envejecida y con una natalidad muy baja, por lo que cada vez hay más personas mayores”, añade Yuzuki. “Los de mi generación, y los de las generaciones anteriores a la mía, nos hemos criado viendo cómo nuestros padres cuidaban de sus padres. Por eso ahora es una cuestión que no se puede ignorar. Buscamos servicios disponibles y la forma de compaginar el trabajo con el cuidado de nuestros mayores. Ahora mismo Japón está en una etapa de transición: la esperanza de vida sigue en aumento, el número de hijos es cada vez menor y, las personas de cuarenta y cincuenta años seguimos activas en el mercado laboral. Es una cuestión que la sociedad japonesa no puede seguir ignorando. En las generaciones anteriores a la mía era muchísimo más común que las mujeres asumieran el cuidado de otros”.
Cuando se le pregunta sobre cómo ha cambiado su vida tras su éxito internacional y cómo éste puede influir su proceso de escritura o la elección de los temas a tratar, explica: “Desde que mis libros empezaron a venderse con cierto éxito en Europa también aumentaron las ventas en Japón. Aquí en Japón, desde la era Meiji, tendemos a valorar solo las cosas que han sido aceptadas primero por Europa y Estados Unidos, así que creo que por eso mis libros se han vendido más a nivel nacional. Aun así, no sé si considero que vender muchos libros y ser famoso es lo mismo. Me parece un tema complejo. Muchos de mis ideales son la norma en los países occidentales, pero en Japón no está muy bien visto hablar sobre feminismo, género o discriminación. Incluso ahora todavía me cancelan entrevistas o me retiran la invitación a ciertos eventos debido a ciertas declaraciones polémicas que he hecho. Así que, si me pregunta si me considero una figura popular entre los japoneses, diría que no. En Japón suelo ser bastante selectiva con los medios con los que trato, pero cuando estoy en el extranjero es diferente. Así, la verdad es que puede que sea muchísimo más popular en España que en Japón. Creo en parte, la razón es que la ironía no está muy bien vista en Japón, en cambio, en el Reino Unido, Europa y en Estados Unidos, la ironía y el sarcasmo se consideran formas de crítica social y también algo divertido. En Japón, una de las críticas que recibe Mantequilla es que no es un verdadero misterio porque no gira en torno a una gran relevación o la resolución de un enigma. En el extranjero, en cambio, es eso precisamente lo que encuentran interesante. Hubo una época en la que la ironía y el sarcasmo era populares también en Japón, pero ahora tengo la impresión de que lo que se busca en las historias es una especie de consuelo o catarsis. Quizá es por el aumento de las desigualdades sociales que la ironía ya no se estila tanto”. Precisamente, en Colgada habitan escenas con un gran sarcasmo: “Por ejemplo, en la escena en la que Shoko le lava los pies a su padre. En la literatura japonesa, la reconciliación de una hija, joven, con un padre opresivo es un tropo muy importante. Hay muchas obras en las que la protagonista puede seguir adelante solo tras haber perdonado a su padre. Con esa escena yo quería hacer justo lo contrario. No se reconcilian. Luego está la bicicleta. En Japón, la bicicleta suele asociarse a la amistad, así que quise darle un giro, cambiarlo. Me esforcé mucho con esas escenas. Ah, y no me puedo olvidar de las escenas del sushi giratorio. Es algo muy propio de Japón, difícil de ver en otros lugares. El sushi es una de las comidas más emblemáticas del país, pero la mayoría de los ingredientes que se usan para su elaboración provienen del extranjero. Japón es cada vez más conservador, pero, al mismo tiempo, su gastronomía depende muchísimo de los países extranjeros. Es curioso, los japoneses se enorgullecen muchísimo de su gastronomía y, sin embargo, es casi imposible cocinar solo con producto nacional”.
Y no podríamos acabar este artículo sin revisar la gran influencia que tiene la comida en sus dos novelas, en las protagonistas de las mismas, ¿cuál es el objetivo de la autora al situar a la comida en un punto tan central de sus obras? “Bueno, en primer lugar, a mí me gusta muchísimo comer. No sé cómo será en España, pero en Japón se puede comer comida de todo tipo de culturas y sitios distintos.
También tenemos una gran cantidad de supermercados veinticuatro horas y cadenas de cafeterías-restaurantes. Mientras pagues, puedes conseguir una comida rica y relativamente nutritiva a cualquier hora del día y de cualquier parte del mundo. Es como describe Sayaka Murata en La dependienta, es difícil alejarse de la comodidad de los supermercados veinticuatro horas una vez te has acostumbrado a ellos. Y, además, Japón es uno de los países del mundo en el que más se valora la delgadez. Muchísima gente anhela ser delgada. Es una contradicción: el deseo de comer cómodamente y mantener la figura. Creo que esto se relaciona directamente con uno de los fallos de la sociedad japonesa: somos incapaces de sentirnos incómodos durante un largo periodo de tiempo. Por eso nos cuesta un mundo enfrentarnos al gobierno o dejarnos llevar por la ira.
A mí también me pasa, así que tampoco quiero ser muy crítica. Hay muchísimas historias en las que los problemas se solucionan con una buena comida y, aunque entiendo de donde viene ese sentimiento ese deseo, me preocupa un poco. Es un tema que considero muy interesante y por eso quería explorarlo en mis novelas”.
Colgada está publicadasen castellano por Duomo Ediciones.
