El día de la revelación (Disclosure day, S. Spielberg, 2026). Atrapado por el Mcguffin

Hitchcock disfrutó haciendo sufrir a sus personajes. Como demiurgo gustaba de someterles a diversas pruebas o torturas mentales y, en varias ocasiones, a auténticos desafíos físicos con riesgo directo para sus vidas. Desarrolló una suerte de subgénero en el que personajes inocentes eran perseguidos por motivos que ellos mismos desconocían. Era el caso de Number 17 (1932), dónde se mezclaban delincuentes, policías y otros sospechosos en una persecución delirante (que incluye, sin ninguna vergüenza y con gran mérito, un tren de juguete), el de los los fugitivos de 39 escalones (The 39 steps, 1935), los viajeros de un tren acosado por motivos que desconocían en Alarma en el Expreso (The lady vanishes, 1938), o, muy especialmente, el erróneo Mr Kaplan de Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). El motivo del acecho y de la persecución era, a menudo, desconocido para ellos y no se revelaba hasta avanzada la trama, siendo explicado por algún personaje casi de pasada, como si el propio director le quitara importancia. Eso era el mcguffin, la excusa, el deus exmachina, que justificaba todas las secuencias de acción o de suspense que realmente le motivaban y que desarrollaba con maestría.

Sirva esta explicación para recordar que Steven Spielberg recurrió a estrategias similares en su primer largo El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) . Y ahora vuelve, asumiéndolo plenamente, en Disclosure day. Más concretamente, en su primera mitad. La película arranca con la acción iniciada y pronto verems que Daniel Kellner (un informático de pasado oscuro) huye con una mochila cargada de pendrive de una organización poderosa (una de aquellas organizaciones que, visto el listado de agencias secretas acumulado en tantas películas, deben consumir más presupuesto que el propio Departamento de Guerra) que dispone de diversos y curiosos artefactos (de los que, afortunadamente, no se nos dará mayores explicaciones). En paralelo, Margaret Fairchild, una mujer del tiempo, padece una serie de fenómenos paranormales que le otorgan capacidad de hablar idiomas extraños o leer las mentes de quienes le rodean. La organización secreta y el grupo que protege a Kellner irán también tras ella. A lo largo de hora y media, el hábil guion de David Koepp entrelazará las curiosas peripecias de Margaret con las más dramáticas de Kellner, añadiendo misterio a los motivos que mueven a uno y afectan a otra, hasta el punto de que ambos desconocen la esencia del misterio que les afecta.

Durante la fuga veremos una serie de secuencias de aire hitchcockiano. Por una parte, las diversas secuencias en que Scanlon sugestiona/amenaza/fuerza a la joven Jane de modo virtual y físico. Por otra, la planificación dentro del vehículo que nos muestra la amenazante mirada de Jane que, cuchillo en mano, desde el asiento posterior, acecha a un desprevenido Daniel. El peligro se resolverá en el último minuto. Sin embargo, la presencia del autor de Los pájaros no finaliza allí. Las idas y venidas o las persecuciones automovilísticas culminan en una set piece en la que el auto de Daniel y Margaret es embestido contra un tren en marcha y queda engarzado en él, arrastrándolos a una carrera vertiginosa sobre railes y contra otros trenes. Todo ello, guion, comedia y sus pensé, se cohesionan y hacen de El día de la revelación un dinámico producto.


Lamentablemente, parece que Spielberg, a sus años, no ha aprendido (no ha querido aprender) la lección del director británico. Los mcguffin , recordemos, sólo se revelan de modo superficial o rápido y nunca deben tomar protagonismo. 40 minutos finales acumulan un exceso de explicaciones, tanto de antecedentes de los que no sabíamos nada (orígenes de los personajes principales) como de detalles que podíamos adivinar no sólo desde el inicio de la cinta, sino desde el inicio de su misma producción (otra cinta de Spielberg con extraterrestres). El día se nos revela como ya conocido, trivial y lleno de subrayados. Nos evitamos, afortunadamente, referencias lacrimógenas a E.T. pero durante más de diez minutos desfilarán en pantalla naves espaciales y alienígenas hasta alcanzar una secuencia que se pretende culminante y resulta un anticlímax absoluto. El Spielberg director es abducido por el Spielberg personaje y por ese mensaje de bondad que enerva a las derechas… y, vistos los resultados, también a los amantes del buen cine.

La revelación no es tal. Ya sabíamos qué nos esperaba y qué nos iban a contar. Y cómo. Spielberg se reveló hace medio siglo como un gran director y demuestra que sigue siéndolo. Pero también se nos reveló como un izquierdista de los EEUU, és decir, un personaje de centro derecha con buenas intenciones sociales que entrega mensajes blandos en contenido y en forma.


Si alguien desconoce aun toda la filmografía de Spielberg, y espera una revelación, le recomendaría descubrir sus obras más críticas: 1941 (1979), su cinta más gamberra, ninguneada por burlarse de su país, o las severas A.I. (2001) o Munich (2005).

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