Agnes Grey. Anne Brontë.

De las tres hermanas Brontë, la más joven fue Anne. Publicó dos libros Agnes Grey, del que hablaremos hoy, y La inquilina de Wildfell Hall. Lamentablemente, igual que Emily, falleció de tuberculosis en 1849. Tenía 29 años. Emily había muerto un año antes con 30 años de la misma enfermedad. A pesar de su corta edad y junto a su hermana, Charlotte, la única que pudo aprovechar su éxito literario ya que murió en 1855, Anne también dejó una huella imborrable en la historia de la literatura universal, como su hermana Emily con su único libro, Cumbres Borrascosas y Charlotte con Jane Eyre.

Aunque publicaron pocos libros, su imaginación venía de lejos. Durante su infancia, junto con su hermano Branwell, crearon un mundo de ficción formado por tres países imaginarios, Angria, Glass Town y Gondal. Los cuatro se inventaban historias ambientadas en cada uno de estos mundos imaginarios que llenaban sus horas de alegría y diversión tras la triste desgracia de haber perdido a sus dos hermanas Mary y Elisabeth que murieron en un internado también de tuberculosis, la enfermedad que se llevaría a casi toda la familia. Allí las había mandado tras enviudar en 1824 junto al resto de sus hermanas. Un lugar en el que no solo vivieron la muerte de sus hermanas sino también hambre, frío y maltratos físicos y psíquicos.

Emily, Charlotte y Anne volvieron a casa ante el miedo de sucumbir a la enfermedad que finalmente se las llevaría años más tarde. Fue su padre el único que sobrevivió a sus seis hijos, asombrado del éxito literario que sus hijas tendrían tras su temprana muerte. Como era habitual en la época, destinó todos sus esfuerzos educacionales en su hijo barón que acabó endeudado, alcohólico y avergonzando a toda la familia antes de morir. Pero a sus hijas también les inculcó el amor por la literatura, aunque no les dio estudios salvo para convertirlas en institutrices o maestras. Después de vivir terribles experiencias dando clases a los hijos de las familias más favorecidas, volvieron a Haworth, donde su padre era rector.

En el año 1846 las tres hermanas Brontë Charlotte, Emily y Anne autopublicaron un libro conjunto de poemas del que solo vendieron dos o tres ejemplares. Lo hicieron con el pseudónimo de los hermanos Acton, Currer y Ellis Bell, utilizando las iniciales de sus nombres reales. Las mujeres, por supuesto, tenían que utilizar pseudónimos para poder publicar libros. No estaba bien visto dedicarse a la literatura, aparte de que si eras mujer nadie te tomaba en serio. Así que las tres hermanas empezaron sus andanzas literarias bajo pseudónimo. Recordemos que Jane Austen firmó sus libros como Una dama (A Lady) precisamente por lo mismo. Fue años después de publicar sus tres grandes obras y con Anne y Emily ya fallecidas que Charlotte admitió que ellas eran los hermanos Bell. Decía Anne al respecto en el prólogo de la segunda edición de La Inquilina de Wildfell Hall: “Todas las novelas están o deberían estar escritas para que las lean tanto hombres como mujeres, y no entiendo cómo un hombre debería permitirse escribir algo que sería realmente vergonzoso para una mujer, o por qué una mujer debería ser censurada por escribir cualquier cosa que sea apropiada y convertirse en un hombre”. Fue precisamente Anne la que se mostró más crítica con la sociedad de la época en sus escritos.

Pero fue un año después de publicar aquel fallido libro de poemas que publicaron con su propio dinero, que las tres hermanas publicaron sus tres obras magnas. Era 1847 y Anne publicó Agnes Grey, de la que os hablaré hoy. Y lo que utilizó la propia Anne para escribir este primer libro fue su propia experiencia como institutriz. Un trabajo desagradecido, una figura que la sociedad victoriana ninguneaba y maltrataba. Encargada de cuidar a niños de familias ricas, que se suponía que tenían una educación que brillaba por su ausencia.

Agnes es una joven que busca su independencia, ya que no es rica y no tiene otros medios para ganarse la vida decentemente que siendo institutriz. Su padre es un pastor con pocos ingresos y su madre viene de familia bien, pero al casarse con alguien inferior por amor, fue desheredada de inmediato. Agnes quiere no solo ser independiente, sino también ayudar a su familia económicamente. Para ello, emprende un periplo arduo de casa en casa señorial enseñando a niños insoportables, aguantando a padres desafectos y prepotentes. Aguanta también el desprecio, la crueldad y la humillación a la que la someten por considerarla simplemente, la que se encarga de educar a los niños, un ser inferior. Si sus hijos son unos malcriados y no aprenden ni a hacer la o con un canuto porque no dan más de sí, no es culpa de ellos que no los han educado correctamente, sino de una pobre Agnes Grey que hace lo que puede e intenta no caer en una depresión profunda en el intento.

Se nota que Anne Brontë lo vivió en carne propia y sabe perfectamente de lo que está hablando cuando nos relata las desventuras de Agnes Grey. Un libro que está plagado de crítica social y por qué no decirlo, de feminismo, de la reivindicación de una mujer que se vale por sí misma y consigue ser independiente a pesar de tener a la sociedad en contra. Vale, que sí, que hay un final feliz que implica un matrimonio, pero a ver, que estamos hablando de la época victoriana. Se puede ser moderna y avanzada a su tiempo, que lo fue, pero Anne Brontë vivía en una sociedad que poco más le podía permitir. Una mujer dependía de su familia o de su marido, no tenía más opciones que casarse, a ser posible bien, o dedicarse a enseñar a los hijos de otros. Cualquier otra opción habría sido tal mancha en su vida, que sería absolutamente repudiada por la sociedad.

Si Anne Brontë y sus hermanas, en tan pocos años, escribieron tres libros fundamentales de la literatura universal, imaginaros lo que habrían conseguido de haber tenido la posibilidad y los medios para ello. Lamentablemente, como os decía tanto Anne como Emily murieron a muy temprana edad. Justo después de que su hermano muriese endeudado y alcoholizado perdido. De hecho, Emily se resfrió en el funeral de Branwell en septiembre y de ahí a la muerte en diciembre por tuberculosis. Y a partir de ahí, un golpe detrás de otro, hasta que no quedó ni una de las mujeres que formaron una de las familias literarias más importantes de la literatura. Nos quedan sus libros, eso sí, que seguirán ahí enseñándonos todo lo que se puede conseguir a través de una gran historia si sabes contarla tan magníficamente como las hermanas Brönte sabían. Podéis leer Agnes Grey publicado por Viena Edicions en catalán y por Alba, Alma o Alianza editorial en castellano.

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