20.000 días en la tierra con Nick Cave

Realidad y ficción se mezclan en este imprescindible documental para conocer la figura de uno de los grandes músicos de nuestro tiempo. El siempre oscuro e inquietante Nick Cave. 20.000 días en la tierra es el título, 20.000 días desde que el 22 de septiembre de 1957 abriera los ojos bajo el sol austral. En la película de Iain Forsyth y Jane Pollard vivimos un día en la vida del cantante. Desde que se levanta por la mañana al lado de una huidiza Susie Bick, su mujer, hasta que vuelve a su casa por la noche. Poética. Sin disimulado ego. Sincero, real, hablando con su propia voz. Cave nos narra su día en voz en off. Como si de una pequeña road movie se tratara, viaja en su coche de un lugar a otro para visitar su historia, desde la consulta de su psicoanalista, una comida en la casa de su media naranja musical Warren Ellis, ver una película con sus dos hijos mellizos o visitar el archivo donde guarda todas sus libretas con canciones, fotos, recuerdos, etc… Y en medio la composición y grabación de su último y excelente trabajo con The Bad Seeds, Push The Sky Away. Y su posterior presentación en directo. Donde Cave se crece y se convierte en un animal sobre el escenario, un dios al que hordas de fieles adoran. Es el retrato definitivo de Cave, pero no es un documental al uso, es como su música, única e inclasificable. Nick Cave 100%. Sus dudas, sus miedos, sus recuerdos. Una inmersión en profundidad en los 20.000 días en la vida del cantante que pasan como si de un día se tratase. Veloces y fugaces. Y de fondo, su música subyugante, agarrándote por el cuello y atravesándote el corazón. Dan ganas de más, de más Nick Cave, de más Bad Seeds.
Cuesta diferenciar entre realidad y ficción, pero no importa. Sabes que tiene que ser así, que su mujer a pesar de ser modelo se aleja de las luces rutilantes del espectáculo, huidiza cual ninfa de la oscuridad y musa, ¿acaso no son todas las musas huidizas? Que Cave se debe sentar ante la consulta de su psicoanalista a contarle los tormentos que muestra en sus canciones, que su vida es la música, que Warren es su mejor partner in crime (“he comido más veces contigo que con mi mujer”, afirma Ellis), que el pasado importa pero hay que saber cerrar puertas y seguir mirando adelante, que hay un ser superior que no es Dios, un ser que Cave ha creado para su propio mundo, ese mundo que ha moldeado a través de sus canciones. Ese que nos atrapó desde el primer momento que escuchamos su música. Ese mundo en el que es tan fácil perderse que hasta da miedo. Un documental que nos sirve para bucear en su proceso creativo, en como nacen sus canciones, sus miedos y sus ilusiones, sus realidades y sus
ficciones. Nick Cave nos ha dejado entrar en su vida por un día para contárnoslo todo, y además lo ha hecho gracias al buen hacer de dos directores que han sabido dar a la historia el toque que necesitaba, el toque Nick Cave. Con un guión de peso, perfectamente trabajado y orquestado. Con una imagen poética acorde con la música del australiano. No podría haber sido de otra manera, Cave se encarga también del guión junto a los directores. Su visión, su historia, su película.