Obsession (C. Barker, 2026)

Love kills

Llevamos un par de años en los que las comedias románticas han sido, muy hábilmente, abducidas por el género de terror y en las que el amor deviene (indeseada o deseadamente) tóxico y peligroso.

Tuvimos varias muestras en las últimas ediciones del Festival de Sitges. En la emotiva Else (T. Emin, 2024), una pandemia condenaba a sus víctimas a la petrificación, hasta el punto en que algunos morían abrazados por amor. Together (M. Shanks, 2025), jugaba con una relación de pareja que oscilaba entre la duda y la toxicidad para representarlas tanto a nivel metafórico como físico en una angustiosa condena vital para la pareja protagonista. La secuencia en que ambos cuerpos eran atraídos hacia una fusión en contra de los deseos de ambos era realmente ejemplar en la representación de una atracción que no da pie a una relación emocional, sino a un enfrentamiento entre dos personas. Honey Bunch (D. Mancinelli, M. Sims-Fewer, 2025), por su parte, se enfrentaba directamente al horror creado por un personaje que, pretendiendo menos el bien para su pareja como la satisfacción de su propio interés egoísta, desencadenaba una tremenda pesadilla.

Obsession se alinea con tantas comedias románticas en el planteamiento básico. Chico conoce chica, chico pierde chica y chico recupera chica… sólo que, de modo parecido a las cintas antes mencionadas, aliena la idea original para denunciar, mediante un humor negro y un tanto brutal, y los códigos del fantástico, las relaciones tóxicas.

Bear es un tipo tímido que se muere de ganas por salir con Nikki, una compañera de trabajo. A pesar de ser animado por Ian, amigo y también compañero, nunca se arriesga a dar el paso, temeroso de perder la amistad de Nikki. El descubrimiento de una varita de sauce mágica (One wish willow) que puede cumplir cualquier deseo, es el desencadenante de la trama. “Quiero que Nikki me quiera más que a nada en el mundo”, pide Bear, ansioso, desesperado, humillado por su propia vergüenza. Inevitablemente, todos lo sabemos, la magia funcionará… muy a pesar de los protagonistas. Nikki, poseída por un irresistible impulso hacia Bear, orientará todo su ser, todos sus deseos, hacia él, con un control tan enfermizo como asfixiante. A la par, el alma de Nikki, atrapada por un impulso que no comparte, tratará angustiosamente de escapar o cambiar la situación, dando pie a una sucesión de cambios de humor desconcertantes, alternando gritos de socorro con explosiones de pasión amorosa.

Si bien la evolución de la historia es predecible a partir de la primera noche compartida por los dos personajes, Obsession se eleva por encima de la media gracias a la inteligente puesta en escena de un director novel que, como el Kane Parsons de Backrooms, proviene también de YouTube. Curry Barker desarrolla progresivamente la inquietud mediante un peculiar uso del “fuera de campo” que, de hecho, no es tal. Despertando a medianoche, Bear se encuentra solo en la cama. No ve a Nikki y la llama, sin respuesta inicial. La cámara se mueve observando la habitación en penumbra, observando el espacio y los muebles. Finalmente se identificará a Nikki como una sombra más en la oscuridad. Con su personalidad abducida, no es más que un espectro que desaparece o aparece súbitamente, con la misma variabilidad de su humor, oscilando de la pasión desencadenada al odio más frenético. Barker recurre a esta estrategia en diversas ocasiones (en el umbral de la casa, en el interior del dormitorio ocultando el rostro tras unas flores…) con excelentes resultados. Su puesta en escena, sobria y con movimientos de cámara limitados (en parte por innecesarios, tal vez por presupuesto reducido), desarrolla el crescendo de terror apoyado por un uso muy adecuado de la banda sonora (incrementando la tensión de modo progresivo y desencadenando algunos golpes de efecto) y por una intérprete excelente. La extraordinaria doble encarnación de Inde Navarrette es el otro gran pilar en que se basa la película, su mirada entre perdida y amenazante, los gritos desesperados pidiendo liberación o las atronadoras exigencias de amor y dedicación, según el alma de Nikki asoma en desesperación o es dominada por esta locura de amor. Escalofriantes son su rostro sonriente, forzado como aquellas carcajadas que suelta anómalamente, o su postura petrificada (en una de las escenas más terribles por evidenciar la humillación a la que uno puede llegar por supeditar, por amor, su voluntad a la de otro) tras doce horas de espera ante la puerta del domicilio, ajena a cualquier necesidad física.

Obsession nos deja muy buenas noticias. Más allá del interés en sí misma, la obra de Barker se une a las referenciadas en una denuncia sutil, asequible al gran público juvenil, de las relaciones tóxicas. Por otro lado, nos presenta un joven autor que demuestra ser capaz de elaborar una propuesta que va más allá del hype.

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