Americana Film Fest (II): Comedias cálidas para tiempos convulsos

Que el cine de autor deja poco espacio a la comedia es un tópico recurrente, pero como sucede a menudo con los tópicos, a veces da la sensación de que contiene un porcentaje (variable, según el momento) de peliaguda verdad… ¿O tal vez no? Al cine de autor le gusta el drama humano, la tristeza, la oscuridad. Tal vez porque considera la comedia como algo banal, o más bien porque le impone demasiado, porque es extremadamente difícil hacer una buena comedia y porque cuesta mucho más hacer reír que hacer llorar. Sea como fuere, desde hace ya unos cuántos años, se ha venido demostrando por parte de una gran cantidad de directores/as, que es posible hacer buenas comedias desde una posición autoral, que no se limite al mero entretenimiento y que permita al espectador una cierta reflexión. Os traemos a continuación una pequeña selección de algunas de las mejores comedias vistas estos días en el festival.

Between the Temples (Nathan Silver)

Sección: Tops

Ben Gottlieb, un cantor de sinagoga en crisis que ha perdido la capacidad de cantar, se reencuentra por casualidad con su profesora de música de la infancia, y esta le propondrá un sorprendente intercambio: ella le ayudará a recuperar su voz si él acepta convertirse en su tutor de Bat Mitzvah. Este es el particular punto de partida para el octavo film en solitario de Nathan Silver, director del que ya pudimos ver en el festival Uncertain Terms (2015). En esta ocasión, Silver nos trae una tragicomedia agridulce sobre la fe, las relaciones humanas, el duelo y el peso de la religión. Jason Schwartzman y Carol Kane dan vida a los dos protagonistas y son, probablemente, los máximos responsables del éxito del film, que retrata con gran sensibilidad y humor una relación que por momentos nos recuerda a la que mostró Hal Hasby en la magnífica Harold and Maude (1971). La fotografía (al igual que en Harvest, otro de los films presentes este año en la sección Tops del festival) corre a cargo de Sean Price Williams, y conforma un particular universo visual plagado de crisis existenciales, reflexiones sobre la religión judía y un particular sentido del humor heredero de los mejores films de Woody Allen, aquellos que logran hacer reír al tiempo que muestran las contradicciones y complejidades de la naturaleza humana.     

Griffin in Summer (Nicholas Colia)

Sección: Tops

Griffin Nafly, a sus 14 años, ha desarrollado una desbordante pasión por la dramaturgia. Su sueño, cuando cumpla la mayoría de edad, es dejar Massachusetts, mudarse a Nueva York y dedicarse profesionalmente al teatro.  Mientras tanto, y hasta que llegue el momento, cada verano se reúne con su grupo de amigos y dirige una obra teatral que él mismo escribe. Su carácter, obsesivo y controlador, pero no exento de encanto e inteligencia, es el de un Tennessee Williams adolescente; sus obras son tal vez desaforadas y un tanto excesivas, plagadas de lugares comunes, pero al mismo tiempo, sorprendentemente maduras para alguien de su edad. Queda claro que Griffin es especial, que no es un niño cualquiera. Lo sabemos por cómo escribe, por cómo habla, y también por cómo mira a Brad, el joven encargado de mantenimiento que la madre de Griffin ha contratado para que le ayude con la casa. La fascinación de Griffin por Brad empezará a convertirse en obsesión. La relación entre ambos, compleja y ambivalente, provocará en el adolescente una transformación profunda. Nicholas Colia debuta en el largometraje con un divertido –y a ratos algo incómodo– coming of age sobre la amistad, el descubrimiento del amor y el poder del arte para fortalecer los lazos entre las personas. El film se alzó nada menos que con tres premios en el Festival de Tribeca (mejor película, mejor dirección, mejor guion) y supone un más que prometedor debut.

Saturday Night (Jason Reitman)

Sección: Tops

A los lectores más cinéfilos no les resultará desconocido el nombre de Jason Reitman, ya que es el director responsable de éxitos como Juno (2007), Up in the Air (2009), Young Adult (2011) o Tully (2018), entre muchos otros; además de ser nada menos que el hijo del director, productor y guionista Ivan Reitman. El último trabajo de Jason es una recreación de las caóticas horas anteriores a la emisión en directo del primer Saturday Night Live en 1975. Con un extenso reparto (más de ochenta actores y actrices) que cuenta con las interpretaciones de Rachel Sennott o Willem Dafoe entre muchos otros, Reitman orquesta un film divertido, frenético y repleto de cut-ups que logra captar el rompedor e irreverente espíritu del Saturday Night Live. En él resuenan ecos de películas como Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014) o, sobre todo, Qué ruina de función (1992). Por los decorados del set se pasean los personajes de cómicos tan conocidos como Andy Kaufman, Dan Aykroyd, John Belushi o Chevy Chase. Y sí, también una llama, aunque nadie sepa qué diantres pinta en el programa. En resumen, un disfrutable y desaforado caos que homenajea con entusiasmo a uno de esos programas que marcaron un hito en la televisión estadounidense.     

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