L’Alternativa Festival de Cinema Independent de Barcelona 2025 (y III)
Otros modos de narrar
Finalizamos esta serie de artículos dedicados a L’Alternativa hablando de dos de los largometrajes que se han alzado con los principales premios de la sección oficial. El Premio al Mejor Film Nacional, obtenido por Cecilia Viada con su película Volver a casa tan tarde, y el Premio al Mejor Largometraje Internacional a la película Cobre, del director mexicano Nicolás Pereda.
Volver a casa tan tarde (Celia Viada Caso, 2025)

¿Para qué sirve una película? ¿Para entretenernos? ¿Para permitirnos un rato de evasión? ¿Para emocionarnos? ¿Para hacernos reír? ¿Para hacernos reflexionar? ¿Para denunciar situaciones de injusticia? ¿Para reconstruir el pasado? ¿Para proyectar hacia el futuro? ¿Para permitirnos habitar otros mundos? ¿Para ampliar nuestro conocimiento sobre ciertos temas? ¿Para poner el foco en lugares que hasta ahora permanecían en penumbra? Supongo que esa es precisamente la grandeza del cine; que no tiene una única misión, que la suma de todos los elementos que componen una película a veces puede ofrecernos resultados asombrosos y, sobre todo, imprevisibles.
Volver a casa tan tarde es, sin duda, una de esas películas que sorprende, que incita a reflexionar, que se resiste a ser clasificada. Estructurado en 10 capítulos breves, el segundo largometraje de Celia Viada reconstruye desde una cierta subjetividad y afán experimental la vida de la escritora, guionista y actriz española María Luisa Elío. Como otras escritoras de la época (Rosa Chacel, Concha Méndez, Mercè Rodoreda…), Elío, tras la derrota republicana en la guerra civil, se vio obligada al exilio. Marchó a México, donde vivió hasta los años 70. Allí desarrolló su carrera como actriz y formó parte de la génesis del Movimiento español antifranquista de 1959. Allí escribió varias novelas y cuentos, y también el guion de la película En el balcón vacío (1961), dirigida por Jomí García Ascot, utilizando la autoficción antes siquiera de que el término fuese acuñado por Serge Doubrovsky en 1977. Gabriel García Márquez le dedicó Cien años de soledad, su novela más conocida, y en 2007 (un par de años antes de su muerte), María Luisa recibió la Condecoración de la Orden de Isabel la Católica. A pesar de todo esto, su nombre sigue siendo relativamente desconocido en nuestro país, incluso entre la comunidad cinéfila.
La tentación de realizar un biopic al uso sobre Elío supongo que era grande. Por suerte, Viada evita los lugares comunes y decide arriesgarse. Empezar una investigación de resultados inciertos, experimentar con material de archivo, contar las cosas de otra manera, evitar la acumulación sistemática de datos wikipédicos y adentrarse en terrenos, tal vez más inhóspitos, pero también más interesantes y fructíferos, que nos ofrecen un personal retrato tanto de la protagonista como de la directora de la película. En definitiva, un Premio al Mejor Film Nacional (otorgado por Tariq Porter, Anna Petrus y Alex Pena) más que merecido. Esperemos tenga la oportunidad de tener un recorrido más allá de ciertos festivales.
Cobre (Nicolás Pereda, 2025)

Para los habituales del festival, el nombre de Nicolás Pereda probablemente resulte familiar, ya que el director mexicano ha mostrado en distintas ediciones de l’Alternativa gran parte de su filmografía, y en 2024 el festival incluso le dedicó un ciclo que incluía numerosas proyecciones, así como un encuentro presencial y un taller de cine epistolar. Este año, Pereda regresa con Cobre, su última película, y logra nada menos que alzarse con el Premio al Mejor Largometraje Internacional (otorgado por Anna Cornudella, Xavier Montoriol y Meritxell Colell).
Cobre es un film aparentemente sencillo, casi podríamos decir que minimalista, pero bajo esa supuesta sencillez se esconde una obra personal, tan divertida como demoledora; una crítica social que a la vez es el retrato de un personaje sobrepasado por las circunstancias. Un Lázaro (interpretado por Gabino Rodríguez, habitual en los films de Pereda) que intenta levantarse y andar, pero que, como Sísifo, va siempre cargando con piedras que no sabe muy bien de dónde han salido. Y es que Lázaro, un buen día, cuando se dirige de camino al trabajo, se encuentra con un cadáver, y este hecho casual acaba complicándole la vida hasta límites insospechados. Además, Lázaro cree que tiene una enfermedad respiratoria causada por su trabajo en la mina. Por desgracia, los médicos desconfían de sus palabras y a Lázaro no le queda más remedio que seguir acudiendo a su puesto de trabajo, a pesar de todo.
Cobre es una película triste, pero al mismo tiempo logra hacernos reír. Su frialdad es solo aparente, y el hieratismo en los rostros de los personajes una máscara traslúcida que deja entrever lo que en realidad sienten. Su precaria cotidianidad nos cautiva y emociona, nos habla de cómo, en la sociedad de la supervivencia, intentamos a toda costa encontrar un cierto equilibrio apoyándonos en los demás. Pero, ¿qué sucede cuando los demás también necesitan un apoyo? ¿Qué sucede cuando el desequilibrio emocional y existencial se convierten en endémicos?
