Conversando con Jesús Vera

Retrato del escritor Jesús Vera

Jesús Vera es uno de esos escritores que admiro. Además es amigo, por lo tanto, esta conversación/entrevista no bebe de la objetividad sino más bien de la cerveza que en breve nos van a servir. Es casi familia, pues es promotor literario de Célebre editorial, casa a la que pertenecen mis dos últimas obras. Tiene aspecto de pirata (en su acepción romántica, los de la pata de palo y la voz algo subterránea de ron; entre otras cosas, también es locutor de radio), y ama la palabra náufrago, las estaciones de tren, la novela Drácula y la edición tradicional, al igual que un servidor. Es profundamente valiente desde su teclado, y aborda comprometido, partiendo de la contemplación a la naturaleza, punto de partida semejante al de Verdaguer, la crítica social con maestría a pesar de la polarización inverosimilitud/hiperrealismo. Ardua tarea la de preguntar a un autor cuya sinopsis de su obra es una retahíla de preguntas retóricas que pone su granito de arena para que la sociedad, aunque sea en un porcentaje mínimo, sea cada vez más reflexiva. La segunda edición de su obra, libro de relatos (y yo añadiría también de poesía) Náufrago en la ciudad está a punto de ver la luz. Y está a punto de ver la luz… ¡en estos tiempos! Ahí es nada.

Comencemos por lo más importante. Jesús, ¿una cerveza?

Sí, pero sin alcohol que ya empiezo a tener una edad en la que todo son teclas

Ja, ja, ja. A ver, de náufrago a náufrago ¿existe mejor tabla de salvación que una segunda edición? Explica a los lectores de Culturaca qué supone para ti.

Pues mira, sinceramente para mí y en las circunstancias que corren es todo un milagro. Jamás pude imaginar hace unos años cuando escribí Náufrago en la ciudad que hubiese tanta gente interesada en leer de otras personas, de sus sentires, de sus pesares… Realmente ha sido toda una sorpresa. Ten en cuenta que cuando lo escribí lo último en lo que pensé fue en que pudiera ser publicado, ¡ya no te digo de llegar a una segunda edición! No puedo más que agradecer profundamente a todos esos amigos lectores que decidieran emplear su tiempo en su lectura.

Y si no me equivoco se trata de una segunda edición ampliada y, además, de lujo. Y antes de `pasar de la cubierta, ¡qué portada más guapa!, unas manos “cabizbajas” bajo la lluvia… ¿De dónde surge la idea y a quién se la debemos?

En realidad, a dos personas. Alfredo Segarra un buen amigo escritor y dibujante que ya había leído los relatos y al que di carta blanca a la hora de diseñar la portada de la primera edición. Alfredo hizo una portada maravillosa en la que se veía a un hombre cabizbajo sentado en un banco en posición de pensar sobre lo divino, lo humano y las putadas que te hace la vida. Cuando llegamos a la portada de la segunda edición hablé con Carolina Bensler, una diseñadora de portadas que me encanta, le pasé el pdf del manuscrito y le dije: Carolina, preciosa, tienes libertad absoluta para diseñarla, después de eso ella decidió centrarse en las manos del sujeto de la primera portada y consiguió una imagen de una brutalidad aplastante que refleja perfectamente parte del espíritu del libro.

Yo ya te contesto a una de las preguntas que incluyes en la sinopsis. No creo que se muera de amor si entendemos amor (correspondido y vicevérsico, claro), como plenitud de existencia humana, pero sí que se muere de desamor, tantas veces de hecho…, porque lo contrario de plenitud ¿no es un vacío, valga la redundancia, existencial? ¿Justo donde acaba la euforia y comienzan las pastillas?

Piensa que todos morimos de amor y de desamor un poco cada día. Todos nos enamoramos locamente y todos vamos desenamorándonos con lentitud con el paso del tiempo. Luego queda el cariño, el amor más suave pero quizás más duradero; El compañerismo, la confianza, la complicidad etc. Luego hay el caso de los amores no correspondidos que nos hacen sufrir, y las personas que desean amar, lo intentan y no lo consiguen, personas que no saben reconocer el amor y que hacen sufrir lo indecible a otras personas porque no saben realmente que es lo que quieren ni como lo quieren. Yo he muerto de amor y el amor me resucitó porque el amor a fin de cuentas… no es más que una exaltación personificada en alguien de todo lo que nos hace felices a nivel interno.

Por cierto, ¡qué putada la pandemia! Ya afirmé en los medios que, no existe nada más triste que una librería cerrada, y hemos sido testigos del hundimiento. Y tú que estás al pie del cañón en la industria literaria, ¿cuál ha sido la tabla de salvación de las editoriales modestas en tiempos de pandemia? Y, antes de divisar tierra, de pisar, otra vez descalzos, esta isla desierta a la que llamamos ciudad… ¿hemos dejado cadáveres literarios a nuestro paso?

Portada del libro Naúfrafo en la ciudad de Jesús Vera

Están siendo tiempos muy difíciles para las editoriales, para las librerías y para los escritores. En el caso de Célebre editorial la tabla de salvación fue el ímpetu de los autores de la misma que centraron sus esfuerzos en compañía de todo el staff de Célebre capitaneado por Ricard Pérez Braña y secundado por un servidor en hacer promoción de sus obras en redes sociales con un magazine semanal online que transmitíamos, invitando a gente conocida y reconocida del mundo de la cultura, que sirvió para promover la venta online ante la situación que vivimos durante el confinamiento, con las librerías cerradas a cal y canto, y el post-confinamiento, en el que las librerías tenían un miedo terrible a coger nuevos libros debido a que no sabían ni tan siquiera si iban a poder sobrevivir a la crisis de la pandemia. No dudes que sí que ha habido muchos cadáveres literarios por el camino. Editoriales que han tenido que echar la persiana al no poder soportar económicamente el permanecer funcionales con el Covid-19, con el correspondiente perjuicio para sus autores que vieron de la noche a la mañana como sus obras se quedaban en el limbo de las obras estrenadas en el mes de marzo del año pasado y que fueron prácticamente condenadas al olvido.

Pero aprovechando que en buena parte de tus más de 70 historias queda patente la desazón que dejó la crisis económica del 2007/08, aunque ya hemos dicho que se añadirán capítulos nuevos ¿te has planteado en esta nueva edición de Náufrago en la ciudad revisitar algún relato dada la crisis económica, social y por vez primera en masa, psicológica, que nos ha traído esta nueva crisis?

En parte sí. Hay un relato nuevo en el que se habla del odio visceral que nació durante la pandemia. El resurgir de “los policías de barrio” que se dedicaban a espiar a sus vecinos y no dudaban en “denunciarles” públicamente. Por otra parte, con los nuevos relatos he intentado explorar nuevos caminos separándome un poco tan solo de las temáticas de la primera edición, pero siguiendo la línea marcada por esta.

Por ejemplo, dando una vuelta de tuerca a tu poema “Algún día”, ya he dicho que en el libro además de relatos también hay poemas, ¿nuestras lágrimas tristes tornarán a ser alegres?

¿Sinceramente? Espero que sí, aunque también digo que de ser algún día, no será próximamente. Primero tenemos que estar todos educados en la idea de que todos somos iguales, que no importa tu sexo, tu raza, tu orientación sexual ni tu forma de pensar. Tenemos que aprender que no es válido el “yo en tu lugar haría esto”, por la sencilla razón que para poder opinar de un tema primero tenemos que vivirlo. Ante todo, es una cuestión de educación y respeto.

Y, ya puestos, volviendo al significado real de este poema, incisivo por otra parte, ¿Cuánto trabajo social queda para que dejemos, haciendo hincapié en ellas, de llevar moratones mal disimulados en el alma?

Todo el trabajo del mundo. Insisto, primero hay que educar a las nuevas generaciones y hacerles entender que los conceptos que nos lastran desde hace centurias no son los correctos. Que una mujer es un ser humano, que nadie es superior a nadie, que juzgar a alguien por su sexo, por sus creencias o por sus gustos sexuales es una absoluta gilipollez. Y, que, mientras insistamos en ser unos gilipollas integrales ese trabajo social tan necesario, ese proceso de cambio que intentamos vivir, por desgracia, serán eternos.

Ya he introducido que en el libro existe, más que apatía y resignación, enojo, ira (más que justificada) hacia esos que llamas “menudos padres de la patria”, y que además “pavonean sus mal llamadas riquezas”, pero el narrador (siempre en primera persona provocando así que lector se identifique), desde el hiperrealismo, humanismo más desolador, también asume su parte de culpa. Jesús, a lo que vamos, desde la posición de tu literatura comprometida, ¿cuál es, o cual debe ser, según tu criterio, el papel del escritor contemporáneo como parte cultural? Me explico: ¿qué puede aportar la escritura social?

Ni más ni menos que reflejar la realidad social. Hablar de los que no tienen voz, de los seres vencidos por las crisis económicas. Dar a conocer la vida como realmente es y no como nos gustaría que fuese. Hay que hacer que el que está situado tanto arriba, como en el medio, de la escala social conozca y se identifique con los problemas de los que están abajo. Es de vergüenza ajena que una persona tenga que estar literalmente hundida para recibir algún tipo de ayuda. El trabajo de esos “padres de la patria” tiene que ser que no se tenga que llegar a ese punto, que la gente tenga una tabla de salvación que no pase por el endeudamiento de por vida reconociéndolo en un desahucio judicial para poder acceder a algo tan básico y en teoría invulnerable como es el derecho a una vivienda. Por otra parte, es de juzgado de guardia que mientras vemos a gente comer literalmente de lo que rescatan de los contenedores de la basura veamos también como precisamente los que deberían velar por esa gente, velan realmente por los intereses de los más ricos. Parece que ahora empiezan a soplar nuevos tiempos, pero también vivimos el resurgir de antiguas ideas como las de VOX que, sinceramente, me dan miedo, mucho miedo, porque, se aprovechan del malestar de la mayoría y de su incultura para vendernos una moto que no es ni mucho menos la que deberíamos comprar.

Y dada la cada vez más exagerada polarización de la sociedad, por supuesto urdida por el sistema, ¿qué coño es ahora lo políticamente correcto?

¡Buena pregunta! Hoy en día nada es políticamente correcto. Si hablas, malo. Si te callas, peor. Si haces, porque haces… si no haces, pues más de lo mismo. Todos se sienten ofendidos por algo, todos juegan a la intransigencia en defensa de sus ideas y nadie ejerce el viejo arte del respeto. Al final uno simplemente decide ser precisamente eso, ¡uno mismo!, y mandar al carajo a los ofendiditos y a los que llevan lo políticamente correcto a unos límites en los que el sentido común es el menos común de los sentidos.

“Mientras insistamos en ser unos gilipollas integrales, el trabajo social, tan necesario, […] será eterno”.

Opino como tú que se puede vestir con pulcritud a pesar de los viejos ropajes, y también envidio la intensidad del vagabundo pero, precisamente por ello, ¿por qué el narrador aún no ha alcanzado la plenitud en el rostro? ¿El ejercicio de la propia contemplación de sus, dijéramos, desarraigados personajes, se lo impide?

Porque para alcanzar la plenitud, para valorar realmente lo que cuenta en cada relato, antes tiene que vivirlo, saborearlo, tanto el dulce de la miel como el amargo de la hiel que nos ofrece esa existencia a la que llamamos vida. Para valorar lo que tenemos antes hay que perder lo superfluo, eso que en su momento nos parecía tan importante, y darse cuenta que a fin de cuentas lo realmente importante es vivir cada momento en su compleja simplicidad. Una sonrisa, un abrazo, una mirada, un sentimiento, son mil veces más importantes que todas las posesiones del más rico de los mortales.

Una pregunta muy, muy, personal, pero como práctico voyeur debo hacértela y lo quiero saber, ¿sufres al meterte en la piel de tus personajes? Al igual que me ocurre, ¿tu escritura es dolorosa?

Sí, lo es. Por suerte o por desgracia tengo la suerte, o la maldición, según se mire, de empatizar con mis personajes. En cada relato soy el gay despreciado, la mujer maltratada o el inocente masacrado. Siempre intento meterme bajo su pellejo, sentir lo que ellos puedan sentir, siempre bajo el prisma de mi personalidad que, quiera o no, descompone la luz de sus vidas en haces de colores remarcando siempre la vibración más cercana a ellos.

Quiero decir, que opino que toda escritura es biográfica, y sé que tu obra nace, y no lo digo yo sino nuestro amigo en común Ricard Pérez Braña, de las vivencias propias. Y él mismo te traslada esta pregunta: ¿Cuál de los relatos te fue más difícil de escribir por aquello de afrontar de nuevo vivencias poco agradables y por qué?

Sin lugar a dudas la sección de Memorias de una crisis. Poca gente sabe que ese apartado del libro fue un inicio de proyecto para una novela. No pude soportar escribir sobre algo tan crudo, algo que yo había sufrido en mis carnes. Con la crisis perdí mi trabajo, me divorcié, perdí mi casa, lo perdí absolutamente todo. Y en mi vida llegó un momento en el que sólo pensaba en morir para dejar de sufrir, entrar en el sueño de los justos y descansar toda la eternidad. Tras ese trauma solo podía pensar en recuperar todo lo perdido. Más adelante me di cuenta de mi error, no hay que recuperar nada de lo vivido, sino estar abierto a nuevas experiencias, a nuevas vivencias y darle otra oportunidad a la vida

Y llegados a este punto, la crítica literaria Teresa J. Creus (no sé si te suena, ja, ja, ja,), te hace esta pregunta: ¿Qué sientes cuando estás delante del ordenador antes de empezar a escribir?

Ante todo, respeto. Mucho respeto. Piensa que como todo escritor me inspiro en lo que me rodea: en los amigos, en conocidos etc. Todos tenemos una historia que contar. A veces esa historia da para un relato corto, otras para un macro relato o una novela corta. En otras ocasiones como subtrama de algún relato, sea éste de la medida que sea, y todos y cada uno de ellos se merecen que esos retazos de su vida sean valorados, respetados y tratados con todo el cariño que yo pueda aportar. Eso para mí es primordial y una responsabilidad enorme.

Y una vez le das al botón de enviar, dime, ¿cuándo sale esta nueva edición de Náufrago en la ciudad?

Pues si los hados y la pandemia lo permiten, en algún momento del mes de mayo. Tocaremos madera porque así sea.

Deseando releerlo. ¡Qué! ¿Otra birra?

¡Dale!

You may also like