Valérie Perrin, el pasado que nos marca

Todos tenemos un pasado, algo que nos pasó y que seguramente, cambió para bien o para mal el rumbo de nuestras vidas. A las protagonistas de las novelas de Valérie Perrin, el pasado las persigue, las marcó a fuego, pero por mucho que huyan, su pasado vuelve. Sus secretos se desentierran y su historia se desvela. Duomo Nefelibata está publicando en castellano la obra de la escritora y guionista francesa. Primero nos llegó Tatá, su cuarta novela y ahora publica la segunda, y que le dio la fama como escritora, Cambiar el agua de las flores.

Como os decía, en sus novelas Perrin escarba en el pasado, desentierra los secretos y los traumas de sus protagonistas para atraparnos en su prosa. En Tatá, conocemos la historia de Colette. Su sobrina Agnès, directora de cine, recibe una llamada inesperada, su tía Colette ha muerto. Agnès no sale de su asombro. Lo cierto es que Colette murió y está enterrada en Guégnon, su pueblo natal, tres años antes. O al menos, eso es lo que pensaba todo el mundo. Agnès, en mitad de una crisis personal por un doloroso divorcio y profesional, no ha dirigido ninguna película desde entonces, vuelve al pueblo natal de su tía y de su padre para descubrir qué es lo que ha pasado, pero también para conocer a una mujer que creía conocer y que se desvela como la protagonista de una historia fascinante que ayudará a entender a Agnès no solo a su tía sino a su familia y su pasado.

En Cambiar el agua de las flores, la escritora nos cuenta la historia de Violette Toussaint, una guarda en un cementerio en un pequeño pueblo de la Borgoña. Un día, un policía de Marsella llega con una petición extraña, su madre había dejado como última voluntad el deseo de ser enterrada en la tumba de un hombre que no es su padre y del que no sabe absolutamente nada. Este hecho, que en principio no tiene nada que ver con la vida de Violette, la cambiará por completo. Por cierto, para el cementerio donde vive Violette también se inspiró en el de Guégnon, un pequeño pueblo en el que no solo está ambientado Tatà y pasa parte de su trama, sino en el que también vivió la escritora durante unos cuantos años. Con esta llegada inesperada, Violette abrirá una puerta hacia su pasado que la llenará como un torrente. Una puerta que cerró y que nunca había querido abrir de nuevo.

No cuento mucho más de las tramas porque no quiero hacer espoilers. Simplemente deciros que las novelas de Valérie Perrin, que están entre las 400 y 500 páginas, se leen en un suspiro. Una lectura casi obsesiva que te lleva a querer saber más. Sus libros son libros de personajes. Nos enamoramos de ellas. Sus mujeres protagonistas las han pasado canutas, pero han sobrevivido y este es su testimonio, muchas veces contando a través de las personas que creían conocerlas y que acaban descubriéndolas al mismo tiempo que las personas que leen el libro.

En su prosa consigue atraparte en esta suerte de novelas negras, pero que no son negras, en las que nos adentramos en una investigación vital en el pasado de sus protagonistas, en las que buceamos en sus secretos más íntimos, en sus traumas y dolores más escondidos, en las que entendemos por qué son como son y actúan como actúan. Lo que podía ser una vida normal de una mujer normal en una pequeña ciudad normal, se convierte inesperadamente en una aventura vital con giros inesperados y capas y capas de historias que acaban confluyendo para brindarnos el retrato de una mujer en construcción, o más bien de reconstrucción, a través de su historia. Una historia triste y dolorosa, pero también llena de luminosidad y esperanza.

Parece ser que el director de Amélie está dirigiendo una adaptación de Cambiar el agua de las flores y tiene todo el sentido. Me encantaría preguntarle a Valérie Perrin, qué le atrae tanto de las historias con secretos, un pasado truculento y los cementerios. Aprovechad este verano para leer tanto Tatá como Cambiar el agua de las flores, no podréis soltar los libros.

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