Entrevista a Flor y Trol
Bajo el nombre de Flor y Trol y desde el País Vasco, nos llega la música de Sophi (Sofía Rodríguez), cantautora y batería de rock que publicaba hace pocos meses su disco debut Sami y que ahora presenta su EP SOPHI. Lleva Sophi muchos años dedicándose a la música, su gran pasión, con una filosofía do it yourself con la que ha conseguido crear un proyecto muy personal. Hablamos de su carrera musical y de su nuevo disco con ella.
¿Cómo nace Flor y Trol y por qué ese nombre?
El proyecto era una ilusión que llevaba tiempo rondándome la cabeza y que decidí materializar en 2024, uniendo dos cosas que me apasionan: tocar la batería y crear canciones propias. Como cantautora llevaba años tocando la guitarra en directo, pero para este proyecto quise utilizar la batería como instrumento principal junto a la voz.
En un principio el proyecto iba a llamarse “Ámame o púdrete”, pero mis sobrinos escuchaban constantemente una canción vieja mía titulada “Flor y Trol” y no paraban de repetir esas palabras. Al final decidimos invertir los nombres: el proyecto pasó a llamarse Flor y Trol y la canción se quedó como “Ámame…”.
Empezaste como batería y luego con la guitarra te lanzaste a componer. ¿Qué te hizo dar el salto a liderar tu propio proyecto y cantar tus propias canciones?
La verdad es que todo ha ido ocurriendo de forma muy natural. He ido descubriendo habilidades sin buscar nada concreto. Mis padres me regalaron una guitarra acústica que estuvo meses en una esquina porque a mí lo que realmente me gustaba era la batería, pero claro, en casa no cabía una batería.
Un día, por aburrimiento, cogí la guitarra y empecé a probar. Nunca di clases; simplemente fui experimentando y me enganché a eso de crear melodías. Supongo que heredé algo del oído de mi abuelo, que tocaba el acordeón de oído y lo hacía increíblemente bien. A mí me pasa algo parecido, aunque sin tocar tan bien (risas).
No sé tocar canciones de otros artistas ni hago versiones. Solo hago mis propias canciones. Hay demasiada creatividad encerrada en un cerebro hiperactivo.

¿Es más difícil exponerte al frente del proyecto que estar detrás de la batería? ¿Cómo será el formato de directo?
Me siento más arropada cuando voy sola en formato acústico, porque me conozco lo suficiente como para saber cuándo estoy más nerviosa, más cansada o más energética. Eso me permite gestionar mejor las emociones antes del concierto para que no condicionen el directo. Además, las letras son muy personales y, cuando estoy sola en escena, adquieren un brillo y una intimidad especial.
Cuando voy a la batería cantando al mismo tiempo y acompañada por una banda, todo cambia. El directo deja de depender únicamente de mí y pasa a sostenerse sobre más personas, y eso me hace sentir más vulnerable. También influye el hecho de que todavía no he encontrado una formación estable con la que pueda ir totalmente tranquila y confiada.
La realidad para un proyecto solista y autogestionado como el mío es complicada. Solo puedo permitirme trabajar con músicos amateur que, lógicamente, tienen otros empleos y proyectos paralelos. Muchas veces, cuando les surge algo mejor pagado o se les solapan fechas, mi proyecto pasa a un segundo plano. Y, por otro lado, mantener una banda profesional es económicamente inviable para mí: las tarifas suelen rondar los 250 euros por músico y concierto, a lo que hay que sumar desplazamientos, dietas, alquileres de salas y el resto de gastos que implica sacar adelante un directo.
Trabajando en el sector de los cuidados y la dependencia, donde los salarios son bastante precarios, muchas veces ya cuesta llegar a fin de mes. Por eso me tomo la música como un hobby muy caro que avanza al ritmo que mi situación financiera me permite. Me privo de muchas cosas y hago bastantes sacrificios para seguir sosteniendo el proyecto, pero como confío en lo que hago y creo que suena bien, sigo ahí, al pie del cañón, bastante tozuda en ese sentido.
Con banda, cuando puedo permitírmelo, gano fuerza escénica y una energía más rockera. En cambio, cuando voy sola, aparece una sensibilidad y una naturalidad distintas. Por eso, para los conciertos de presentación hemos decidido apostar por un formato híbrido: seguiré tocando batería y voz como hasta ahora, pero también habrá momentos acústicos con guitarra. Me acompañará un guitarrista eléctrico y lo llevaremos en formato dúo. Estamos ensayándolo y preparándolo con muchísimo cariño.

Te encargas de la producción, arreglos, composición y grabación. ¿Cómo es llevar un proyecto totalmente autogestionado?
Al principio, cuando era más joven, la autogestión me generaba mucha ansiedad. Ahora la vivo como un disfrute absoluto y como una aceptación de la realidad que tengo. La autogestión es amor por lo que hago, aunque implique invertir dinero y perder bastante por el camino.
Dificultades hay todas las que puedas imaginar y más (risas), pero el objetivo es alcanzar mis metas por mí misma y quedarme con la parte positiva. Sé perfectamente hasta dónde puedo llegar. No puedo engañar a nadie: probablemente sonaría mucho mejor con más medios y conocimientos técnicos, pero también podría sonar mucho peor si no siguiera mi intuición y mi oído cuando trabajo en el home studio.
Lo que más me apasiona del proceso creativo es hacer arreglos, coros y mezclar.
En apenas unos meses desde el lanzamiento de Sami publicas el EP SOPHI. ¿Por qué tan rápido y qué diferencias hay entre ambos trabajos?
No estaba planeado. En Navidad de 2025 compuse cinco canciones prácticamente del tirón y decidí entrar al estudio unas semanas después para grabar tres de ellas.
Tenía muchas ganas de grabar con la voz más al frente y ver qué pasaba. SOPHI tiene menos sonido de banda que Sami y un enfoque mucho más íntimo y personal.
El nuevo EP suena más sucio y directo que Sami. ¿Era una búsqueda consciente?
Sí y no. Fui sola a grabarlo porque dos semanas antes mis músicos me dijeron que no se veían capaces de aprenderse las canciones y venir conmigo al estudio. Como ya tenía todo reservado, decidí seguir adelante sola.
El sonido es más humilde y menos “pro” porque grabé con una guitarra bastante sencilla, la batería más reducida y priorizando una base sólida antes que demasiado detalle. Las voces también las grabé bastante rápido porque el estudio es caro y el tiempo vuela.
Quizá con más tiempo habría quedado distinto, pero al final también tiene su encanto.
¿Cómo nace una canción en Flor y Trol? ¿Primero la letra o la música?
Siempre empiezo con la guitarra, tocando mientras canto melodías, aunque las palabras todavía no tengan sentido. A veces la letra sale completa en el momento, pero la mayoría de las veces después tengo que reescribirla y darle coherencia.
Las letras suelen nacer de experiencias personales o de reflexiones sobre lo que sucede alrededor, tanto a nivel social como colectivo.
¿Te abres mucho emocionalmente en tus canciones? ¿La música funciona como terapia?
Sí. La música siempre tiene respuestas para mis preguntas vitales. Tiene la magia de hacerme sentir en casa.

Trabajas con personas mayores y en situación de dependencia. ¿Influye esa experiencia en tu música?
Directamente en las canciones quizá no, pero sí en mi manera de entender el mundo. Me hace tener una mentalidad mucho más humana, empática y sensible hacia el dolor ajeno y la vulnerabilidad social.
Eso termina influyendo en la forma de transmitir cuando canto. Mi trabajo diario complementa muchísimo mi forma de conectar con la gente a través de la música y me aleja bastante de ciertas tendencias actuales más superficiales o vacías.
También diriges la asociación Psikopompo. ¿Cómo nace y qué relación tiene con la música?
La fundé unos meses antes de la pandemia, en 2019, uniendo mi formación y experiencia en gerontología, animación sociocultural, ocio activo y música.
Con la asociación llevo la música a hogares, centros sociosanitarios y zonas rurales mediante talleres o sesiones individuales donde la persona participa activamente en el proceso creativo. Es más, un voluntariado, que un trabajo remunerado.
Empezó como un proyecto piloto y, a día de hoy, sigo realizando actividades y servicios a través de la asociación. Aunque no sea musicoterapia como tal, sí conecto con las personas desde las emociones, las canciones y las sensaciones que percibo que necesitan en ese momento. Es algo muy energético y espiritual.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Seguir disfrutando del proceso creativo, dar los conciertos de septiembre y octubre que ya están cerrados y grabar un nuevo EP de cinco canciones junto a una live session durante el invierno.
Y para 2027 quiero grabar un disco doble. Tengo demos terminadas para varios discos y me hace muy feliz ir dándoles forma poco a poco.
Podéis escuchar la música de Flor y Trol aquí.
