Honora, o la delicadeza poética de Flea
Desde hace un mes, hay un disco que escucho a diario. Es un proyecto en solitario de un músico que conocemos por su extensísima carrera con una gran banda, y que aquí brilla con luz propia. Bienvenidos a Honora.
El nombre de Michael Peter Balzary, más conocido por el nombre artístico de Flea, lleva décadas resonando como sinónimo de energía, virtuosismo y una forma muy particular de entender el bajo. Fue cofundador de los Red Hot Chili Peppers, y su estilo es una mezcla explosiva de funk, punk y una sensibilidad melódica cada vez más refinada. Pero además de tocar en el grupo californiano, Flea es amante del jazz, trompetista autodidacta y colaborador incansable.
En los últimos años, Flea ha ido consolidando una vertiente más introspectiva que ya se intuía en el E.P. Helen Burns. Ahora nos llega Honora, un disco que no solo confirma esa evolución, sino que la lleva a un terreno más desnudo, casi espiritual.
Desde el primer corte, Honora deja claro que no va a cumplir cualquier expectativa ligada al slap frenético o a la exuberancia funk que ha hecho famoso a Flea. Aquí predominan los tempos pausados, los espacios abiertos y una instrumentación que deja aire y evoca paisajes de lo más diversos. El bajo sigue siendo el protagonista, pero no como motor rítmico, sino como narrador. Aquí encontrarás líneas de bajo delicadas que parecen susurros acompañando el silencio, dejando que la música suceda a su alrededor.

El sonido del disco bebe claramente del jazz contemporáneo y de la música ambiental, con toques minimalistas. Flea parece más interesado en el color y la textura que en la exhibición técnica.
Para este viaje, Flea va bien acompañado. Además de rodearse de instrumentistas de jazz, por aquí han pasado Thom Yorke y Nick Cave, que aportan su calidez vocal a las composiciones de Flea.
Especialmente destacables son los pasajes en los que entra en escena la trompeta, un instrumento que Flea ha cultivado en paralelo durante años. No lo hace con grandilocuencia, sino con una fragilidad conmovedora, como si cada frase estuviera al borde de romperse. Es en esos momentos donde el disco alcanza una dimensión más íntima, que conecta directamente con el oyente.
Mi tema preferida tal vez sea ‘A Plea’, con sus arrebatos vocales y ese aire al activismo cultural del jazz de los setenta. Tiene algo que me hace pensar en el ‘Fables of Faubus’ de Charles Mingus. También me encanta la versión de ‘Maggot brain’ de Funkadelic.
A nivel compositivo, Honora se mueve entre piezas claramente estructuradas y otras más cercanas a la improvisación. Cada tema tiene su propia identidad, su propio clima.
Honora confirma que Flea es mucho más que un bajista explosivo: es un músico completo, capaz de reinventarse y de explorar territorios sonoros muy alejados de aquello que le dio fama. Este nuevo trabajo no solo amplía su legado, sino que lo consolida como un artista que entiende la música como un proceso continuo de búsqueda.
Puede que no sea un disco inmediato, ni fácil, ni especialmente accesible. Pero es poético, es sencillo, es humano. Honora te ofrece una pausa necesaria, un espacio para escuchar con calma. Un verdadero regalo. Tremendamente recomendable.
