Magdalena Morey, o la pintura de la continuidad

Hoy queremos hablaros de arte. Concretamente, de la obra de una artista que hemos descubierto recientemente y que nos ha hechizado. Se trata de la pintora Magdalena Morey.

La artista nació en 1974 en Lublin (Polonia). En el 2005 se trasladó a Cambridge (Reino Unido). Posteriormente vivió una temporada cerca de Zúrich (Suiza), y en el 2015 se estableció en España, primero cerca de Madrid y más tarde en Asturias.

La pintura de Magdalena Morey se sitúa en una zona liminar entre la abstracción y la figuración. Su lenguaje visual no se basa en la representación fiel de la realidad, sino en la reconfiguración evocativa del cuerpo y del paisaje, con una fuerte intención emocional. En su obra confluyen una técnica impecable con una gran sensibilidad y sutileza, algo que a mis ojos es una combinación ganadora.

Un servidor, que además de juntar palabras en esta vuestra publicación favorita también me dedico a la pintura, estoy siempre ávido de descubrir referentes contemporáneos. Cuando descubrí la obra de Morey, experimenté esa mezcla curiosa y rabiosa entre fascinación y envidia. Cuando empecé a seguirla en redes y a profundizar en su obra, no tardé en darme cuenta que estaba ante una gran artista.

Como he esbozado antes, sus creaciones se dividen principalmente en dos grandes categorías: paisajes y figura humana. Todo desde el filtro de la abstracción, claro. Su paleta es precisa, limpia e intensa, con un dominio claro de los colores cálidos o los fríos, según el caso.

Los paisajes muestran playas, horizontes, colinas y otros espacios naturales, capturados con una mezcla fascinante de ópticas casicubistas, geométricas y puramente abstractas. Y por encima de todo ello, llega una sensación de respeto y admiración por el espacio natural. Como dice la propia artista en su web:

Crecí cerca de la tierra, jugando con piedras, palos y barro, y hoy en día sigo viviendo rodeada de naturaleza. El arte se ha convertido en mi forma de conectar con ella, de continuar una conversación que me acompaña desde la infancia.

Por otro lado está el trabajo figurativo, que me cautiva tanto como los paisajes o incluso más. En estos trabajos, las formas de los cuerpos se desdibujan en una interesante confusión corporal, capturando movimientos y gestos tremendamente evocadores. En algunos casos me parece percibir una tendencia a presentar un cuerpo principal y luego una segunda intuición de forma, que podría ser un acompañante o bien un desdoblamiento del cuerpo principal.

Todo ello está ejecutado con una paleta cromática libérrima que hace que los cuerpos gocen de ser púrpuras, verdes, blancos o lo que acontezca en cada caso. El resultado es una serie de retratos que logran ser evocativos, introspectivos y profundamente sensoriales. Como para morirse de envidia, vamos.

En palabras de la propia artista, su proceso está arraigado en el movimiento y la energía. Utiliza colores intensos, líneas fluidas y texturas en capas para crear una sensación de continuidad. Las líneas que aparecen en su obra sugieren hilos y fibras, venas y raíces, lazos y conexiones que se entrelazan tanto en el paisaje como en las figuras que lo habitan. Estas líneas transmiten ritmo, como si cosieran o danzaran, y reflejan el sentido de vida y la conexión que encuentra en la naturaleza y en sus relaciones personales.

Os invito encarecidamente a que la sigáis por redes y a que os paséis a dar una vuelta por su web.

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