El pasado 4 de marzo, el Palau de la Música Catalana se transformó durante dos horas en algo más que un solemne auditorio modernista: fue el escenario de una celebración colectiva de los veinte años de trayectoria de nuestra adorada Maika Makovski. Un concierto integrado en el ciclo Cruïlla Hivern que tenía algo de acontecimiento irrepetible ya desde antes de empezar.