La dependienta. Sayaka Murata.

Hay novelas que te dan mucho más de lo que te imaginas. La relectura de La dependienta para uno de los clubs de lectura de Glady Juria, @literatura.asiatica en Instagram (seguidla sin falta si os interesa este tipo de literatura), me ha gustado si cabe más que cuando la leí por primera vez hace bastante tiempo. El compartir lectura con mis compañeras, siempre la enriquece y más con esta novela que da tanto juego a la hora de debatir.

En La dependienta conocemos a Keiko, una mujer de 36 años que trabaja a media jornada en un konbini, un supermercado japonés abierto las 24 horas. Keiko está soltera y vive sola en Tokio. Se siente a gusto trabajando en la tienda, tiene sus rutinas, es feliz. Encaja. Allí, encaja. En el resto del mundo, no. No cumple las expectativas de lo que se espera de una mujer japonesa de su edad. Keiko no está casada, no tiene pareja, no tiene hijos y tiene un trabajo que es más para estudiantes o mujeres que han vuelto al mercado laboral después de ser madres y no pueden trabajar a jornada completa. A Keiko no le importa, ella es feliz así.

Keiko nunca ha encajado. Ya desde pequeña. Su familia siempre ha tenido la esperanza de que algún día se “curaría”, pero ella no necesita que la curen. Necesita que la entiendan y la dejen vivir su vida a su manera. Su hermana es la única que ha intentado ayudarla a encajar en la sociedad y le ha dado consejos sobre cómo comportarse. Keiko se fija en sus compañeras de trabajo y en las amigas que conserva de la escuela e intenta ser como ellas, parecer normal, pero nunca acaba de conseguirlo. No es ella misma. Aun así, aunque todo el mundo parece presionarla para que se busque un marido o un trabajo de verdad, Keiko no quiere. Ella no es así.

Hasta que un día, su mundo empieza a desmoronarse cuando intenta hacer lo que se espera de ella. Su hermana parece contentísima de que haya encontrado, por fin, pareja. Aunque este sea una persona despreciable que seguramente se está aprovechando de ella. Otro ser que no encaja, pero en vez que intentar ser feliz encontrando su propio camino, se aprovecha del de los demás. Keiko hará sacrificios para ella mastodónticos para ser una persona “normal”, hasta que se da cuenta que ella ya es feliz tal y cómo es, que su vida es la que ella escoja y no la que los demás escojan por ella. ¿Y qué es ser normal igualmente? ¿Quién decide qué es normal y qué no lo es?

La dependienta se lee en un suspiro. Te atrapa en la historia, sencilla aparentemente, pero llena de crítica social. Un canto hacia las divergencias, a la diferencia, a seguir tu propio camino, a quitarnos las etiquetas que nos imponen y ser nosotras mismas, a pesar de todo. Una lectura luminosa sobre cómo ser diferente en un mundo que prácticamente te impide serlo. Edita Duomo Ediciones.

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