Tinta y sangre. Han Kang.
Cheonghee está destrozada y no se cree aun lo que ha pasado. Su mejor amiga Inju ha muerto en un accidente de coche. Lo peor de todo, es que un crítico que está escribiendo una biografía sobre su amiga, Inju es una pintora reconocida, afirma que se suicidó y no fue un accidente. ¿Inju fue a aquellas montañas nevadas, a las que quería ir con Cheonghee y a las que no quiso acompañarla, para acabar con su vida? Imposible. Incapaz de creer algo así, Cheonghee decide dejarlo todo y empezar a investigar la muerte de su mejor amiga. Esta es la premisa de partida del nuevo libro de la escritora surcoreana Han Kang, Tinta y sangre (publicado por Random House y traducido por Sunme Yoon). Un título muy acertado porque tanto la sangre, la de los muertos, pero también los lazos sanguíneos como la tinta de las pinturas de Inju, pero también las de su tío fallecido hace años, son los protagonistas de la historia. La tinta y la sangre dos hilos conductores que hilan una trama in crescendo que te atrapa y no te suelta hasta la última línea.
Obsesionada con su pasado, el de ambas, ya que se conocen desde que eran niñas, Cheonghee escarbará en la vida de Inju. En esta investigación cual detective de novela negra, descubrirá cosas que nunca supo, que nunca intuyó, pero que darán sentido a su vida. Escarbar el pasado puede ser doloroso, los secretos y los miedos que has guardado con tanto ahínco, se esmeran por salir a flote y ahogarte. En el proceso de investigar la muerte de su amiga, la protagonista también buceará en su vida, hasta en los recovecos más oscuros, aquellos que siempre quiso olvidar. Ambas, en el presente y en el pasado, se enfrentarán a sus miedos, a sus traumas y a su tristeza.

Tinta y sangre es un fascinante thriller, no al uso, evidentemente, estamos hablando de Han Kang. Es por eso, que el libro está lleno de poesía, su prosa siempre es poética, pero también está lleno de magnetismo, de emoción y de dolor. Sueños y recuerdos se entremezclan, pero también el arte y la astrofísica. Las palabras van más allá de las palabras. Es por eso que siempre es una delicia leer a Han Kang.
Un hecho concreto, la muerte de Inju, le sirve a Han Kang en Tinta y sangre para reflexionar sobre lo que significa ser humano, con todas sus consecuencias. Con lo bello de existir, pero también con los claroscuros que salpican nuestras vidas. El dolor, la crueldad, el olvido. Un olvido que no se permite, porque hay que recordar. Aquí no una masacre como la de Jeju, necesaria de recordar, no. Aquí hay que recordar un pasado íntimo, un recuerdo doloroso, una emoción contenida, un dolor agudo que nos ha estado ahogando durante décadas, pero que sigue ahí, intentando salir a la superficie. Hasta que un día, tu mejor amiga muere, y explota la burbuja donde lo has escondido. Y te das cuenta, de que ese dolor, en realidad, eras tú.
