‘Fuck the polis’ (Rita Azevedo Gomes, 2025). Una vida plena

Hace un par de décadas, Rita Azevedo Gomes recibió un pronóstico clínico funesto ante el cual optó por regalarse unas vacaciones en Grecia. Para su suerte el oráculo erró la predicción y, casi veinte años después, vuelve sobre sus pasos revisando diversos puntos de las islas griegas. Fuck the polis, no obstante, juega al trampantojo y no es nada de lo que parece a priori. Hay que decir, en primer lugar, que su título no se refiere a ningún alegato contra las fuerzas del orden ni, tampoco, contra las polis griegas, a favor de una ruralidad arcádica. Fuck the polis es la frase de un poema con el que Gomes se cruza en su itinerario peripatético y la película no es sino un diario íntimo de la autora que ahora comparte con los espectadores.

A lo largo de hora y cuarto veremos algunos de los puntos del itinerario que, por un motivo u otro, llamaron la atención de la directora de La portuguesa (2018): la entrada de pasaje y carga en un ferry, un campo de amapolas, un equipo de apicultura, un bar con un club de ajedrez, islas y más islas, ruinas y más ruinas, un “kouros” o la entrevista con una cantante clásica… Todo ello acompañado de una serie de recitaciones o lecturas (en pantalla o en off visual) de textos de diversos autores griegos, portugueses, franceses (Camus) o británicos (Keats, Byron). El resultado es tan placentero como críptico en tanto la ruta parece errática y no hay explicaciones vinculadas a las imágenes (excepto en el caso de la cantante, a la que se entrevista y refiere preferencias artísticas), el porqué de las mismas o la relación entre unas y otras. Fuck the polis produce el mismo efecto que ojear el carné de viaje de alguien a quien no conocemos demasiado y vemos unos dibujos, unas fotos o unos apuntes que no son más que apuntes en base a los cuales no podemos más que especular sobre los sentimientos de su autora.

Fuck the polis es por ello una obra de una autora que a sus 73 años, y tras un periplo vital determinado, nos permite ojear en sus páginas de vida, para que juguemos a imaginar aquello que sentía al viajar por las Cícladas, tal vez más por los textos leídos que por las imágenes que los acompañan.

Personalmente, la voluntad de Gomes me ha hecho pensar en todos los autores que echan la mirada atrás para asumir lo vivido pero evitando la nostalgia. Y, curiosamente, me ha llevado a pensar en un conjunto de personajes femeninos que han aparecido en las películas del pasado año. Son personajes aparentemente secundarios en algún caso, protagonistas en otros aunque de su vida sepamos poco, pero que tienen en común una fortaleza adquirida con la experiencia vital. Tenemos a la inefable, rebelde y contumaz PInky que salva la vida de los pequeños protagonistas de Memorias de un caracol (Memoir of a snail, A. Elliot, 2025), de la veterana auxiliar que decide abandonar el hospital para vivir tranquilamente en un pueblo cerca del mar dónde vivir epifanías en La luz que imaginamos (All we imagine as light, P. Kapadia, 2024). Lo es también Quiaquiao, la protagonista de A la deriva (Caught by the tides, J. Zhang – Ke, 2024) quien, veinte años más tarde ha rehecho su vida y puede permitirse ignorar al amante que la abandonara y que regresa ahora, torpe y hemiparético, buscando cobijo. Y el veterano bluesman negro de Sinners (R. Coogler, 2025) quien, alcanzando una sólida carrera tras una vida dónde no faltaran el acoso racista y la pobreza, opta dignamente por mantenerse en los últimos años pese a una oferta fantástica de una vida eterna. O, por otro lado, el de la anciana de O agente secreto (K. Mendonça Jr, 2025) que acoge en su casa a diversos fugitivos del régimen fascista brasileño. Son, en su mayor parte, personajes secundarios pero la relevancia de cuyas decisiones u opciones vitales confiere dignidad a ellas y a quienes les acompañan. Tal vez algo hay de ello con la misteriosa opción que Gomes nos propone para que trabajemos a partir de su propuesta.

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